Las termitas pueden destruir las vigas de madera

24 | 03 | 2015
Consells

Si tu edificio tiene más de 50 años, es posible que las vigas sean de madera. En España se calcula que el 50% de las estructuras de madera dañadas lo han sido por las termitas.

Hay miles de distintas especies de termitas, pero la más habitual es la subterránea, la “reticulitermes”, que tiene el nido bajo tierra, donde vive la reina que pone diariamente unos 4.000 huevos.
Las “reticulitermes” son una especie pequeña, de color blanco y que no acepta la luz, viven a oscuras, exceptuando las reproductoras primarias que son negras con alas y si toleran la luz, e incluso pueden confundirse con pequeñas hormigas voladoras.
Para llegar a la estructura de madera, suben por el interior de las paredes y si no pueden realizan los llamados carriles termíticos, de tierra, saliva y excrementos. También realizan carriles termíticos colgando de las vigas de madera, como tubos de ventilación para airear los espacios donde trabajan.
Las zonas de las vigas más afectadas acostumbran a ser las cabezas o extremos de la viga.  
Son perfectas para ellas las vigas o estructuras de madera escondidas por falsos techos, debido a que hay oscuridad, humedad e incluso silencio.
¿Cómo poder diagnosticar un ataque de “reticulitermes” en una estructura de madera?:
  • Tomar una muestra de madera en mal estado, deshacerla con las manos y si el resultado es una sustancia terrosa, efectivamente hay o ha habido termitas.
  • Observar presencia de carriles termíticos en paredes, techos o colgando de vigas. Pero, sobretodo, la no presencia visible de estos carriles no es suficiente para descartar el ataque.

Las termitas al no tolerar la luz son capaces de atacar una viga entera por el interior y dejar la capa externa intacta. Así visualmente la viga parece que está en perfectas condiciones, pero si pinchamos con un punzón veríamos que su interior es un material sin resistencia y terroso que se puede deshacer con los dedos, la viga ha perdido su resistencia. 

Artículo publicado originalmente por Marta Berdejo en ARQUIGESTION